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Las filtraciones de Snowden demostraron que Washington autorizó a sus agencias de seguridad a vigilar el uso del teléfono e internet en 193 países del mundo. Foto: AFP

Las filtraciones de Snowden demostraron que Washington autoriz a sus agencias de seguridad a vigilar el uso del telfono e internet en 193 pases del mundo. Foto: AFP

Los atentados de 11-S trazaron una lnea divisoria entre una poca en retirada y otra con parmetros y lgicas radicalmente diferentes porque la denominada «guerra contra el terrorismo» modific el escenario geopoltico e impuso nuevas ideas de «seguridad», con costos en derechos humanos y libertades civiles, configurando un escenario en el que la privacidad fue la gran perdedora.

Si bien la vigilancia masiva ya era un tema de debate creciente aos antes -en octubre de 1999 la cadena pblica britnica BBC haba informado sobre la red secreta de espionaje internacional Echelon-, un mes despus del 11-S el Congreso estadounidense promulg la ley Patriota, que autoriz la vigilancia electrnica sobre sospechosos de «terrorismo» sin orden judicial, as como investigar sus negocios y relaciones personales hasta el sexto grado de contacto.

Esta ley, aprobada por el Congreso estadounidense, habilit un escenario favorable al establecimiento de un estado de excepcin permanente, que de modo gradual instaur prcticas que limitaron derechos y garantas constitucionales en el mundo entero, e impuso como «naturales» escenarios de ilegalidad y de «excepcionalidad».

Un mes despus del 11-S el Congreso estadounidense promulg la ley Patriota, que autoriz la vigilancia electrnica sobre sospechosos de «terrorismo» sin orden judicial”

De este modo, sobre la base de la «amenaza terrorista» que se cerna sobre el mundo, Washington justific la guerra preventiva, de las cuales Afganistn e Irak fueron solo los ejemplos ms notorios.

En 2013, ms de una dcada despus, el excontratista de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) y la CIA, Edward Snowden, filtr miles de documentos clasificados que pusieron al descubierto cmo evolucion esta potestad casi sin lmites entregada a los servicios de inteligencia, y como se transform en una compleja red de colaboracin entre decenas de organismos de inteligencia de varios pases, bajo cuyo funcionamiento se expandi y consolid una vigilancia globalizada sin ningn control democrtico.

Las filtraciones de Snowden demostraron que Washington autoriz a sus agencias de seguridad a vigilar el uso del telfono e internet en 193 pases del mundo y que stas recogan y analizaban diariamente 5.000 millones de registros de ubicacin de telfonos mviles y 42.000 millones de registros de internet -incluidos correos electrnicos e historiales de navegacin- al mes.

En su libro «Vigilancia Permanente», el propio Snowden cuenta sobre las consideraciones morales y ticas que lo empujaron a recopilar miles de documentos que demostraron «la actividad ilegal del Gobierno estadounidense», para entregrselo a periodistas que los analizaron e hicieron pblicos «ante un mundo escandalizado».

En su libro "Vigilancia Permanente", el propio Snowden cuenta sobre las consideraciones morales y éticas que lo empujaron a recopilar miles de documentos.

En su libro «Vigilancia Permanente», el propio Snowden cuenta sobre las consideraciones morales y ticas que lo empujaron a recopilar miles de documentos.

Un proceso «en marcha desde antes»

Si bien la ley Patriota y la llamada guerra contra el terrorismo marcaron un hito en el fenmeno de la hipervigilancia, se trata de un proceso que «ya estaba en marcha desde antes», explic Beatriz Busaniche, presidenta de la Fundacin Va Libre, que defiende derechos fundamentales en entornos mediados por tecnologas de informacin y comunicacin.

«Es muy interesante empezar a trazar este problema con la cuestin econmica, con el rol de los Estados Unidos y el complejo industrial norteamericano, sobre todo el complejo industrial-militar, y el juego geopoltico de la implementacin de la doctrina seguridad», explic en charla con Tlam.

Beatriz Busaniche, licenciada en Comunicación Social y magíster en Propiedad Intelectual.

Beatriz Busaniche, licenciada en Comunicacin Social y magster en Propiedad Intelectual.

Segn Busaniche, una licenciada en Comunicacin Social y magster en Propiedad Intelectual, la «guerra contra el terrorismo» que declar Estados Unidos constituy un hito de un proceso de larga construccin del «otro peligroso» y del miedo al interior de las sociedades.

Esta construccin -explic-, permiti que «una sociedad con una largusima tradicin de defensa de libertades civiles como la estadounidense permitiera la implementacin de una ley tan abusiva en trminos de invasin de las libertades civiles y los derechos fundamentales».

Aceptar estos mecanismos era parte del «deber» de ciudadanos que «no tienen nada que ocultar», lo que fue configurando una sociedad hipervigilada, funcional a la etapa actual del capitalismo.

Y en esta nueva doctrina de vigilancia permanente, para Busaniche, «emerge un actor nuevo, que tiene que ver con las grandes empresas de tecnologa de la informacin, con su base fundamental en Estados Unidos, Google, Amazon, Apple, Facebook, etc.»

El modelo de negocio de estas megaempresas se nutre de esa experiencia de vigilancia masiva.

«La recoleccin permanente, no solo de datos, sino tambin de patrones de conducta, de lectura, de comportamiento y de gustos, permite de forma ms o menos precisa prever hacia dnde va la voluntad de las personas, sus gustos, sus consumos y por supuesto tambin tendencias polticas», detall la experta.

Luego destac que la gama de alternativas que esa informacin hace posible explotar, entre ellas la de orientar hacia un lado u otro las lneas preferencias polticas, es algo que «aunque suena bastante futurista, corresponde al modelo de negocios del capitalismo del siglo XXI, que es qu es el capitalismo de vigilancia».

Los datos, la informacin y especficamente la prospectiva qu se puede hacer con esa informacin constituyen uno de los elementos centrales del capital.

Muchos organismos de derechos humanos y defensoras de las libertades civiles vienen denunciando hace aos cmo en esta tensin entre seguridad y privacidad, la balanza siempre se inclin hacia la primera, lo que implic una sustantiva prdida de derechos civiles.



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