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Los colombianos fueron contactados para tareas de seguridad y se supone que casi ninguno cul era su objetivo en Hait.
La participacin de una veintena de exmiilitares colombianos en el asesinato del presidente de Hait, Jovenel Moise, volvi a dejar al descubierto la reubicacin de miles de oficiales de ese pas, retirados jvenes y con mala paga, en roles de contratistas, asesores, personal de seguridad y hasta otros eufemismos, que terminan en misiones en el extranjero por su formacin especializada y su disponibilidad.
Se estima que cada ao dejan el servicio alrededor de 10.000 militares que se convierten al instante en una suerte de fuerza de reserva para tareas para las que aparecen bien preparados: servicios de consultora, seguridad de personas, custodias de entidades y comercios, y la integracin de equipos en el sector.
Las fuerzas militares colombianas viven entre dos extremos: prestigiosas para algunos por su combate permanenteen la selva y la montaa contra grupos de narcotraficantes y estructuras guerrilleras, por un lado, y cuestionadas por las organizaciones de derechos humanos y organismos internacionales por sus recurrentes violaciones a los derechos humanos, por otro.
El extremo de estas crticas tiene que ver con los miles de casos de «falsos positivos», como la prensa dio en llamar a los asesinados, mayormente campesinos y obreros, que luego eran presentados por los militares como insurgentes muertos en combate, en busca de ganar francos, premios o vacaciones.
«Sencillamente son incorporados, son reclutados y hay una cantidad importante de militares colombianos, por ejemplo, en Dubi»”
Luis Fernando Navarro
A menudo entrenados por Estados Unidos, los militares colombianos fueron en su momento contratados para custodiar pozos de petrleo en los Emiratos rabes Unidos (EAU) y en Yemen para combatir a los hutes rebeldes, aunque algunas publicaciones marcan presencia tambin en Irak y Afganistn.
El propio jefe mximo de las fuerzas, el general Luis Fernando Navarro, seal a propsito de Hait que no hay «ninguna norma» que prohba contratar a exsoldados. «Sencillamente son incorporados, son reclutados y hay una cantidad importante de militares colombianos, por ejemplo, en Dubi», explic.
Y en Colombia misma, donde innumerables locales y centros comerciales, bancos, clnicas, escuelas, clubes tienen seguridad privada a un nivel que solo se ve en otros pocos pases, tambin los exmilitares son una fuerza laboral notable.
Los militares colombianos a menudo son entrenados por Estados Unidos.
En el caso de Hait, segn trascendidos de la prensa o declaraciones de familiares, los colombianos fueron contactados para tareas de seguridad y, se supone, casi ninguno saba el objetivo final de la tarea.
El titular de la Asociacin Colombiana de Oficiales de las Fuerzas Militares en Retiro (Acore) y consultor internacional en seguridad, John Marulanda, en dilogo con Tlam asume abiertamente esa nueva salida laboral.
«Hay dinero, posibilidades de mejorar econmicamente haciendo algo que conocen muy bien. No combatiendo. Los que estuvimos en combate lo hacamos por amor a la patria. Pero ahora le dicen a uno que le pagarn 8.000 dlares, que conocer pases, que tendr algunas sumas extras, y sin usar armas», analiz Marulanda, quien suele renegar del concepto de mercenarios, que en reiteradas ocasiones ha pesado sobre los exmilitares colombianos.
Pone su propio caso como ejemplo porque mientras era docente universitario le «pasaron un dlar por delante de la nariz» y se dedic 18 aos a ser «contratista en seguridad de una petrolera, viajando por el mundo, para cuidar la seguridad y tener manejo de crisis», segn relat a Tlam.
El militar retirado acepta que el retiro a una edad temprana y los sueldos ms bien bajos colabora con esa insercin en nuevos roles.
«Hay dinero, posibilidades de mejorar econmicamente haciendo algo que conocen muy bien»”
John Maruanda
«Se retiran jvenes y saludables. Hay una legislacin que permite pensionar a los militares con pensiones mnimas. Todava salen con mucha vida por delante, pero para modificar eso habra que modificar las circunstancias del pas», evalu.
Otros dos datos merecen ser tenidos en cuenta: por un lado, en el pas el servicio militar de un ao es obligatorio; y por el otro, como en otras naciones con un mercado laboral recortado, integrarse a una fuerza es una salida para vastos sectores necesitados.
El presupuesto que Colombia destina al rea es el segundo de Amrica Latina, despus del de Brasil: 9.216.000.000 de dlares en 2020. Se trata del tercer gasto ms importante del pas detrs de Educacin y Salud.
As y todo, para Marulanda las Fuerzas Militares no son poderosas.
El jefe de las FFAA asegur que hay una cantidad importante de militares colombianos en lugares como Dubi.
«Ojal lo fueran. No lo son y hay pruebas de eso. Si algo caracteriza a los militares es la subordinacin al poder civil y su rol constitucional, al punto que le garantizo que si en elecciones el pueblo elige a (Rodrigo Londoo) Timochenko, del narcocartel de las FARC, el mando tiene dos opciones: o pide la baja o se le presenta y se pone bajo su mando», asegur, en referencia al lder de la guerrilla que firm un acuerdo de paz con el Estado en 2015.
La discusin, igualmente, tiene ms que ver con lo que ocurre despus del retiro porque el Estado no tiene forma, afirma, de controlar qu hace cada exsoldado despus de haberlo entrenado durante aos.
Marulanda escribi en un diario bogotano que los militares «mantienen un gran reconocimiento mundial debido precisamente a su experiencia, disciplina y formacin» y aclar que no son mercenarios en los trminos de la Convencin Internacional sobre el Mercenarismo de las Naciones Unidas, sino contratistas, aunque asume que se trata de un concepto «genrico».
«Solo en Colombia hay cerca de 300.000 hombres y mujeres en el mercado de la vigilancia y la seguridad. La quinta fuerza le decimos nosotros, despus de las tres fuerzas militares y la Polica Nacional. Esa industria de la seguridad aporta casi el 2% del PIB; mueve mucho dinero, y solo Brasil y Per tienen situaciones similares», rese el titular de Acore.
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