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Ruggierito y Gardel, una amistad que se fortaleció cuando el matón de Avellaneda defendió al Morocho del Abasto ante las amenazas de otro famoso pistolero.

Ruggierito y Gardel, una amistad que se fortaleci cuando el matn de Avellaneda defendi al Morocho del Abasto ante las amenazas de otro famoso pistolero.

Transcurra el atardecer del 21 de octubre de 1933. Y l acababa de ganar una fuerte suma en el Hipdromo de La Plata sin suponer que aquel no sera su da de suerte. Era nada menos que el ladero, guardaespaldas y mano derecha del caudillo conservador –y eterno intendente– de Avellaneda, don Alberto Abel Barcel. Su nombre: Juan Nicols Ruggiero, pero se lo llamaba “Ruggierito”.

Ya al caer la noche de ese sbado pas por su casa para cambiar el traje de lino blanco por otro oscuro, que adorn con una rastra criolla. Despus se hizo trasladar en su Cadillac a lo de Elisa Vecino, una morocha de 25 aos que lo reciba en su alcoba.

Ella resida en la calle Dorrego al 2000, del barrio de Crucecita. A las 22:30, la pareja conversaba en la vereda con Ana Gallino; al rato, se les sum su esposo, Hctor Moretti, un simptico pistolero con quien Ruggierito tena amistad. En tanto, su chofer, apodado Joselito, dormitaba en el Cadillac. Hasta que el estampido de una 45 lo arranc del sueo.

Entonces, vio de refiln dos imgenes: su patrn al caer en los brazos de Moretti y, luego, al girar los ojos, un sujeto que corra hacia la esquina, All lo esperaba un Chrysler negro con el motor en marcha. El vehculo parti a toda velocidad.

A partir de ese momento, los acontecimientos se tornaron vertiginosos. Moretti hizo unos disparos, mientras apoyaba al moribundo sobre el regazo de Elisa. Y salt al estribo del Cadillac, que arranc con un chirrido escalofriante. Moretti sigui disparando. Desde el Chrysler le tiraban a l.

Elisa, esforzndose en contener sus lgrimas, sostena entre las manos la cabeza de Ruggierito. Y l, tal vez presintiendo que la vida se le cortaba, mir a su alrededor. Dibuj una sonrisa. Quiso hablar. Pero de su boca solo sali un sonido dbil, imperceptible.

Y cerr los ojos.

Fue cuando el Cadillac regres por una calle lateral. La carrocera luca huellas de balas. Casi sin frenar, Ruggierito fue cargado en el asiento trasero, antes de que el chofer enfilara hacia el sur, en direccin al Hospital Fiorito. En algn punto del trayecto el herido exhal su ltimo suspiro.

Al comenzar la madrugada del domingo, su cuerpo desnudo yaca sobre una mesada de mrmol, en la morgue del nosocomio. Un pequeo agujero rojo le adornaba el trax. Junto a l, un hombre no disimulaba su pesadumbre. Era su amigo, el comisario Esteban Habiague.

Al rato, lleg all Barcel con una docena de custodios. Habiague lo vio entrar a la morgue con la mirada hmeda.

El ahijado del poder

Durante tres décadas, el caudillo conservador Alberto Barceló fue dueño y señor en Avellaneda.

Durante tres dcadas, el caudillo conservador Alberto Barcel fue dueo y seor en Avellaneda.

Nacido el 24 de junio de 1895, Ruggierito fue el benjamn de los once hijos concebidos por la unin entre una criolla y un humilde carpintero napolitano establecido en la Isla Maciel. A los 14 aos ya pegaba afiches para el comit de Barcel, que iniciaba su primer perodo municipal en Avellaneda.

Quizs fue en tales circunstancias cuando repar en ese pibe que acuda a la intendencia para buscar la comida que se reparta a los pobres.

En el vientre de la Historia se gestaban tiempos revueltos.

A fines de 1919, durante el gobierno de Hiplito Irigoyen, un conflicto gremial en los Talleres Vasena, ubicados en el sur porteo, supo desatar una represin policial y parapolicial que se extendi a toda la ciudad. No solo tuvo como blancos a obreros socialistas y anarquista sino tambin a colectividades extranjeras; en especial, la juda.

La denominada “Semana Trgica” dej 700 muertos y miles de heridos. Sus hacedores sin uniforme pertenecan a la Liga Patritica. Pero tambin haba quienes actuaban a cambio de unos pesos. De modo que lo novedoso fue la utilizacin poltica de elementos contratados en los bajos fondos.

Desde entonces, esa prctica traz un punto de inflexin en el escenario delictivo local. Y si hubo una vida que la ejemplificara fue la de Ruggierito.

Ya en aquella poca, l era un avezado puntero y, a la vez, un pistolero audaz. Supo ganar fama en tiroteos con patotas adversas al espacio partidario de su padrino. En pleno auge del “fraude patritico” –como los conservadores llamaban a sus trapisondas electorales–, fue habilidoso en el arte de intimidar votantes y conseguir libretas. Y sola a salir de juerga con un correligionario clebre: Carlos Gardel. Su prontuario inclua mculas por juegos prohibidos, robos, lesiones, abuso de armas y homicidios.

Una de sus vctimas fue el “Gallego Julio”, un matn al servicio de los radicales, cuyo nombre era Julio Valea. Su providencia –al igual que, luego, la de Ruggierito– no result bendecida por el turf. En octubre de 1929, mientras contemplaba la sptima carrera del Hipdromo de Palermo, alguien le apunt con un Winchester desde el terrapln del ferrocarril. Justo cuando un caballo de su propiedad cruzaba el disco de la victoria, l caa con la frente atravesada por un proyectil. Y el tirador se repleg en un automvil a toda velocidad.

Exactamente cuatro aos despus –ya bajo la Dcada Infame–, mientras una acongojada multitud rodeaba al Hospital Fiorito tras empezar a correr, de boca en boca, la noticia del asesinato de Ruggierito, al comisario Habiague le vino a la mente ese otro crimen. Y lleg a conjeturar que en la ejecucin del Gallego Julio –de la cual su amigo no result ajeno– podra estar el anagrama de su propia muerte. Tambin consider otras hiptesis: rivalidades polticas o discrepancias en los negocios sucios.

En ambos casos –pens– l tambin estara en la mira de los asesinos.


«Sangre Maleva», el tango que inspir Ruggierito

Adis al amigo

Antes de calzarse el uniforme de polica, Habiague haba sido periodista en el diario La Razn y, despus, en La Tarde; fue administrador del Hipdromo de San Martn, adems de oficiar de banca en algunos garitos.

Justo en eso estaba cuando Barcel le solt una propuesta que l no pudo rechazar: “Jntese unas 200 libretas y lo hago diputado provincial”. Dicho y hecho: aquel hombre fue legislador por el partido de San Martn entre 1925 y 1928.

El siguiente paso de su mentor fue designarlo como comisario inspector en Avellaneda. Desde ese cargo, hizo excelentes migas con Ruggierito. Entre otros motivos, porque los dos eran engranajes de la misma maquinaria. Y en aquel contexto, una de las funciones policiales de Habiague era la excarcelacin por va extrajudicial de los amigos y aliados que haban tenido la psima fortuna de caer tras las rejas. “En esa poca –deca el comisario–, nadie de Avellaneda entraba a pudrirse en Sierra Chica”. Y menos, Ruggierito.

Habiague sola evocar una aejo episodio, cierta noche, por cuestiones del momento, Ruggierito hiri de muerte a un compadrito, el “Zurdo” Cruz Medina, en un turbio almacn de Sarand, antes de darse a la fuga.

Al llegar la polica, interrog al moribundo en estos trminos:

– Quin te hiri? Fue Ruggierito?

La respuesta, declamada con el esfuerzo propio de la agona, fue:

– Vea, agente, el hombre para ser hombre no debe ser batidor….

Y cay en el sopor eterno.

Jams supo que su frase pstuma inspirara el tango Sangre Maleva, de Juan Manuel Velich y Dante Tortonese.

Ahora, al clarear aquel domingo, al retirarse del Fiorito, Habiague pens que esclarecer el asesinato de su amigo era para l un imperativo moral.

Entonces –tal como contara muchos aos despus– se le cruz la ltima imagen que tuvo de Ruggierito en vida.Fue durante un acto en el barrio La Mosca, cuando –para la sorpresa del propio pistolero– la multitud empez a gritar: “Barcel, no! Ruggierito, s!”.

La mirada del caudillo, ya clavada de soslayo sobre el aludido, adquiri un extrao brillo.

Quin mat a Ruggierito?

En la maana del 23 de octubre de 1933, una muchedumbre nunca antes reunida en Avellaneda marchaba lentamente por la avenida Mitre, llevando en andas el fretro de Juan Nicols Ruggiero envuelto por la bandera.

El intendente Barcel aguardaba al cortejo en el cementerio municipal.An segua siendo el individuo ms poderoso de esa ciudad. Su estrella recin declinara a mediados de la dcada siguiente. Y muri en 1946.

El comisario Esteban Habiague concluy su carrera en aquellos mismos aos, sin dar con los asesinos de Ruggierito.

Mucho tiempo despus, durante una brumosa tarde de 1965, el ya viejo comisario departa con un conocido en una mesa de la confitera El Molino. Y no sin cierta prudencia, revel:

–A Juan lo mataron sus amigos; lo mataron porque ya no les era til.

Su voz sonaba muy cansada.



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